Cuando tengas un amigo o una pareja, prepárate para la traición
Después de vivir, he visto que todos terminan peleando y, al final, separándose.
Gastas una fortuna en clases particulares y tus hijos se van de casa; las parejas se divorcian; los amigos te traicionan o te estafan. Aun sin llegar a esos extremos, cuando las personas pasan mucho tiempo juntas, los defectos salen a la luz sin falta. Lo que al principio no se veía, con el tiempo se ve todo. Una relación que vaya a estar siempre de tu lado, hablando con frialdad, casi no existe.
Por naturaleza, el ser humano percibe lo que pierde decenas o cientos de veces más grande que lo que recibe; los criterios del bien y del mal cambian según la generación, el género y la clase social; hay errores; y puede que las leyes o el propio entorno tengan una estructura que fabrica peleas.
Pero tampoco se puede vivir sin ayudar a nadie ni amar a nadie. Quizá sea seguro, pero no es una vida humana. Y aquí nace el dilema.
Primero: cuando amas, entregas la llave
Cuando amas, o simplemente cuando te acercas a alguien, tu información personal queda abierta.
Os veis todos los días, os escribís mensajes todos los días, estáis siempre juntos, incluso montáis un negocio juntos: ¿cómo no va a pasar de una mano a otra? En algún momento, esa persona sabe más de tu vida privada que tú mismo. Tus debilidades, tu situación económica, lo que dijiste sin pensar, la gente a la que criticasteis juntos, fotos, años de conversaciones. Cuando la relación va bien, todo eso es prueba de intimidad. Son vuestros recuerdos y vuestro patrimonio.
El problema llega en el momento en que la relación se da la vuelta. En cuanto discutís, hay una infidelidad o os separáis por dinero, los mismos datos cambian de naturaleza. Los recuerdos se convierten en pruebas, y la intimidad, en un arma. Los objetos se devuelven al separarse y se acabó, pero la información, los recuerdos y los registros no se pueden recuperar. Quedan intactos en la cabeza y en el móvil del otro.
Y entonces llega el peor caso. Difunde rumores entre tus conocidos, usa tus debilidades y te denuncia. Si hay una gran fortuna en juego, no termina con una sola denuncia: apelación, casación, tribunal supremo, y además el juicio civil. Terminas pasando el resto de tu vida frente a frente en un tribunal con la persona que más amaste. La persona más cercana se convierte en la más peligrosa.
Segundo: el dilema entre el amor y la guerra
La IA te dice que no entregues tus puntos débiles ni la última llave, pero no se puede dar solo amor sin entregar la llave. Para empezar, el matrimonio mismo no existe si no entregas la llave. Es imposible estar juntos todos los días con el corazón abierto y la información cerrada. Y si renuncias al amor por miedo a entregar la llave, lo único que te queda es una soledad segura.
Aunque quieras elegir a una buena persona, cada uno tiene criterios éticos distintos. ¿Y quién va a mostrar primero su lado malvado? Todos parecerán ángeles. Vivimos en un mundo en que hasta Samsung ha sufrido el robo de su tecnología hacia China a manos de empleados de confianza. El corazón no se ve. Así que filtrar a la gente investigándola de antemano también tiene, en realidad, un límite.
Por eso, la vida parece fluir al final por tres caminos. (1) No dejar entrar a nadie y vivir solo y seguro, (2) amar en tensión, preparándote para la traición de cada persona que conoces, o (3) abrirlo todo y amar sin reservas hasta que un día caes en el pantano de la guerra.
Al final, el único camino que una persona puede recorrer es el del medio: amar preparándose para la traición.
Tercero: cuando conozcas a alguien, prepárate para la traición
Mirando atrás en mi vida y observando a la gente que me rodea, vi que toda una vida estaba embadurnada de traiciones.
Por eso hay frases que digo a menudo: "Cuando entres en la universidad, prepárate de inmediato para buscar empleo", "Cuando consigas empleo, prepárate para cambiar de trabajo", "Cuando empieces una relación, prepárate para una demanda".
Por supuesto, hay que proteger lo que hay que proteger. Ama dejando un lugar propio donde puedas volver a levantarte aunque todo se derrumbe. Pero hasta ahí. Lo demás, dalo.
Jesús también lo aceptó. Los líderes religiosos que decían amar a Dios querían matarlo, y aun sabiendo perfectamente que Judas Iscariote lo iba a vender, le lavó los pies. Si ni siquiera Dios pudo evitar la traición humana, ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Eres tú mejor que Dios?
Simplemente, amar sin saber que existe la traición es ingenuidad, y cerrar el corazón al amor por miedo a la traición es cobardía. Saberlo todo sobre la traición, proteger lo que hay que proteger y, aun así, amar. Esa es una vida admirable.