¿Existirán el acoso sexual y los abusos en el cielo?
Cuando la gente piensa en el cielo, suele imaginar un lugar pacífico y hermoso. Pero hagamos una pregunta un poco traviesa: si en el cielo también hay hombres y mujeres, ¿existirán allí el acoso o los abusos sexuales?
La razón es sencilla. El deseo carnal nace, en esencia, de la carencia. Deseas porque te falta algo; cuando lo obtienes, te sientes satisfecho un momento, y la carencia vuelve. Si esta hambre se repitiera para siempre, en un tiempo infinito, sin muerte y sin final, eso sería una tortura.
Además, Jesús dijo que después de la resurrección no habrá matrimonio. ¿Qué pasaría si no hubiera esposa pero la lujuria siguiera viva? Sería un estado en el que deseas sin fin algo que no puedes poseer. Un mundo en el que un anhelo insatisfecho dura para siempre. Eso choca de frente con la definición del cielo.
No es una pregunta que se le haya ocurrido por primera vez a la gente moderna. Es un tema con el que los teólogos han luchado desde hace mucho.
San Agustín distinguió entre el ser humano antes de la caída y después de ella. Pensaba que el ser humano antes de la caída también tenía función sexual, pero que no estaba dominado por un deseo incontrolable como el de hoy.
Santo Tomás de Aquino fue en una dirección parecida. Entendía que el cuerpo resucitado es un cuerpo perfeccionado, y no un estado en que uno es arrastrado por los deseos del cuerpo como ahora. El matrimonio y la procreación son estructuras necesarias en un mundo con muerte; donde la muerte desaparece, la estructura misma deja de ser necesaria.
En cambio, algunos teólogos modernos piden prudencia. Como la Biblia no explica en detalle la cuestión sexual después de la resurrección, sostienen que no se debe ser demasiado tajante.
Primero, Jesús dijo: "En la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo." Significa que la manera misma de existir del ser humano después de la resurrección será como la de los ángeles, distinta de la actual.
Segundo, miremos el Edén. En el Génesis, Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban. Esto es importante. La vergüenza no es el estado original del ser humano, sino algo que apareció después de la caída. Es decir, la vergüenza es un efecto secundario producido por el pecado. Si no hay lujuria que ocultar, no hay nada de qué avergonzarse. Es un estado en el que ni siquiera tiene sentido el concepto de abuso sexual.
Tercero, lógicamente, el sexo biológico y el deseo carnal se pueden separar. Que haya hombres y mujeres no significa que necesariamente tenga que haber lujuria.
Cuarto, los niños pequeños juegan perfectamente sin deseo sexual. Eso sí, hay que distinguir que el cielo no es una regresión al estado infantil, sino una plenitud.
Juntando estos cuatro puntos, se llega a la conclusión de que en el cielo no se trata de reprimir la lujuria a la fuerza, sino de que la carencia que la produce ya no existe. Es como alguien que no tiene hambre: aunque no haya comida, no sufre.
Volvamos entonces a la pregunta inicial. ¿Existirán el acoso y los abusos sexuales en el cielo?
La respuesta es clara: no pueden existir. La razón es que desaparece el deseo de hacerlo, es decir, la carencia misma que empuja a querer poseer a otra persona como objeto de deseo.
Y hay algo más en lo que pensar. Después de la resurrección no hay muerte. Sin muerte, no hace falta dejar descendencia. Si no hace falta tener hijos, ¿no dejará también de ser necesaria esa función?
En resumen: el sexo biológico permanece, pero la lujuria desaparece. El amor permanece, pero el afán de posesión desaparece. La intimidad permanece, pero la carencia sexual desaparece. La capacidad de sentir la belleza permanece, pero el deseo que lleva al pecado desaparece.
No es un lugar donde el acoso sexual esté prohibido, sino un lugar donde el propio concepto de acoso sexual pierde su sentido.
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1. Un cielo donde sigue viva la lujuria es, en realidad, un infierno
La razón es sencilla. El deseo carnal nace, en esencia, de la carencia. Deseas porque te falta algo; cuando lo obtienes, te sientes satisfecho un momento, y la carencia vuelve. Si esta hambre se repitiera para siempre, en un tiempo infinito, sin muerte y sin final, eso sería una tortura.
Además, Jesús dijo que después de la resurrección no habrá matrimonio. ¿Qué pasaría si no hubiera esposa pero la lujuria siguiera viva? Sería un estado en el que deseas sin fin algo que no puedes poseer. Un mundo en el que un anhelo insatisfecho dura para siempre. Eso choca de frente con la definición del cielo.
2. ¿Cómo vieron este problema los teólogos?
No es una pregunta que se le haya ocurrido por primera vez a la gente moderna. Es un tema con el que los teólogos han luchado desde hace mucho.
San Agustín distinguió entre el ser humano antes de la caída y después de ella. Pensaba que el ser humano antes de la caída también tenía función sexual, pero que no estaba dominado por un deseo incontrolable como el de hoy.
Santo Tomás de Aquino fue en una dirección parecida. Entendía que el cuerpo resucitado es un cuerpo perfeccionado, y no un estado en que uno es arrastrado por los deseos del cuerpo como ahora. El matrimonio y la procreación son estructuras necesarias en un mundo con muerte; donde la muerte desaparece, la estructura misma deja de ser necesaria.
En cambio, algunos teólogos modernos piden prudencia. Como la Biblia no explica en detalle la cuestión sexual después de la resurrección, sostienen que no se debe ser demasiado tajante.
3. Examinémoslo bíblica y lógicamente
Primero, Jesús dijo: "En la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo." Significa que la manera misma de existir del ser humano después de la resurrección será como la de los ángeles, distinta de la actual.
Segundo, miremos el Edén. En el Génesis, Adán y Eva estaban desnudos y no se avergonzaban. Esto es importante. La vergüenza no es el estado original del ser humano, sino algo que apareció después de la caída. Es decir, la vergüenza es un efecto secundario producido por el pecado. Si no hay lujuria que ocultar, no hay nada de qué avergonzarse. Es un estado en el que ni siquiera tiene sentido el concepto de abuso sexual.
Tercero, lógicamente, el sexo biológico y el deseo carnal se pueden separar. Que haya hombres y mujeres no significa que necesariamente tenga que haber lujuria.
Cuarto, los niños pequeños juegan perfectamente sin deseo sexual. Eso sí, hay que distinguir que el cielo no es una regresión al estado infantil, sino una plenitud.
Juntando estos cuatro puntos, se llega a la conclusión de que en el cielo no se trata de reprimir la lujuria a la fuerza, sino de que la carencia que la produce ya no existe. Es como alguien que no tiene hambre: aunque no haya comida, no sufre.
4. Conclusión
Volvamos entonces a la pregunta inicial. ¿Existirán el acoso y los abusos sexuales en el cielo?
La respuesta es clara: no pueden existir. La razón es que desaparece el deseo de hacerlo, es decir, la carencia misma que empuja a querer poseer a otra persona como objeto de deseo.
Y hay algo más en lo que pensar. Después de la resurrección no hay muerte. Sin muerte, no hace falta dejar descendencia. Si no hace falta tener hijos, ¿no dejará también de ser necesaria esa función?
En resumen: el sexo biológico permanece, pero la lujuria desaparece. El amor permanece, pero el afán de posesión desaparece. La intimidad permanece, pero la carencia sexual desaparece. La capacidad de sentir la belleza permanece, pero el deseo que lleva al pecado desaparece.
No es un lugar donde el acoso sexual esté prohibido, sino un lugar donde el propio concepto de acoso sexual pierde su sentido.